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Los derechos humanos explicados a mi hija PDF Imprimir E-Mail
escrito por Jordi   

Image  Miguel Osset   CEAC   de 8 a 12 años

 Un padre explica a su hija el contenido de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Treinta cartas breves, una para cada uno de los artículos de la Declaración, en las que el autor narra una anécdota sacada de la vida cotidiana de la niña, Helena.
El relato armoniza el texto legal de los artículos con la voz sensible y tierna de un padre con su hija con la intención de transmitir los valores y derechos fundamentales recogidos por el texto aprobado por las Naciones Unidas en 1948. Una obra cargada de sensibilidad para leer juntos, padres e hijos.

Ver presentación:  
http://www.tokland.com/continguts/categorias/vistaSola_cas.php?id=385&pag=0&target="blank"
 

 

"Unas personas muy serias se sentaron hace ya mucho tiempo a pensar y hablar precisamente sobre eso, sobre el mundo que aún estaba por hacer. Ni papá ni mamá habían nacido todavía. Los abuelos sí, pero eran aún muy jóvenes, y no se lo explicaron bien. Aquellas personas serias que se sentaron a pensar y hablar estuvieron casi tres años pensando y hablando. ¿Te imaginas? ¿Te imaginas la cantidad de cosas en que se puede pensar y hablar durante casi tres años? Pues bien, esas personas anotaron en papel cosas que les costó mucho escribir. Y no porque tuvieran mala letra, no. Les costó mucho porque discutieron mucho cada palabra que escribieron. Cada palabra. Cada uno decía qué le parecía lo que otros habían escrito, y volvían a escribirlo. Una y otra vez. Así, hasta ponerse de acuerdo. (...)
"Cuando el papel estuvo listo, le dieron un nombre: Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y al mundo le pareció bien. No sólo porque estaba bien escrito (cómo no iba a estarlo después de tres años...) sino porque todos pensaron que lo que ese papel decía era importante, muy importante. Que gracias a ese papel, el mundo iba a ser diferente. El sol seguiría siendo el sol, y la playa, la playa. Pero, a lo mejor, gracias a ese papel, más niños podrían gozar del sol y la playa con sus padres en paz, sin guerras, sin sufrir. Gracias a ese papel, más padres y madres podrían hacer y decir cosas sin que nadie se las prohibiera, y más hermanos o hermanas podrían ir a la escuela. Pensaron que era posible, que ese papel podía cambiar el mundo. Muchos lo pensamos hoy también. Hoy más que entonces, a pesar de que nos gustaría que todo fuera más deprisa, y se nos agota a veces la paciencia. Como cuando tú pides un helado y no hay helado que valga, y te impacientas. Qué le vamos a hacer: un buen helado es un premio después de un esfuerzo. Y todo lo que dice ese papel pide esfuerzo. Pero al final vale la pena intentarlo. Aunque canse, aunque agote, aunque caigamos dormidos del esfuerzo como tú duermes ahora. Vale la pena: dentro de poco tú te levantarás y querrás salir corriendo de nuevo a ver el mundo. Y, como tú sabes, el mundo está aún por hacer."
Fragmento del prólogo

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