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Relatos Comprometidos
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La eugenesia de los naranjos |
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escrito por Pedro Escudero Zumel
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LA FÁBRICA DE SUEÑOS cierra por vacaciones. Esa fue la última frase de la carta que deslicé bajo la almohada de mi amada esposa Samira. Deseaba regalarla un último cuento al que pudiera acudir en los días de amarga separación que nos aguardaban. Ojalá no hubiera sido necesario. El Fabricante de sueños, con ese hermoso sobrenombre se me conoce en Nador, mi ciudad natal. Ya de niño disfrutaba escuchando las leyendas de los míos, para después narrárselas a mis primos y hermanos. Ahora soy un cuentacuentos. Ya no recito las gestas de los héroes de antaño, en su lugar invento narraciones que inculquen buenos valores en los más pequeños y, cuando al anochecer regreso de los campos tras un agotador día de labranza, comparto con los pastores, los labriegos y artesanos, mis historias sobre libertad, justicia e igualdad. Al principió sólo narré, después escribí, y con tiempo mis relatos han llegado lejos. Pero el poder aborrece la verdad. Por eso soy perseguido; por eso he de huir. | | No hay comentarios para este artículo. Ver contenidos relacionados |
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escrito por Rosa Fermandez
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¡Mírala!, siempre sola. La tristeza no es triste, sólo sus ojos lo son. Tristes como una mañana de otoño, como el retrato de un pintor ciego, como una luz apagada en la noche. Mirada lánguida, disfrazada de un fulgor inaudito pero falso, mimético, quizá imitado de alguna otra que sí fuera feliz. Falda corta y botas de tacón, colorete y rimel, soledad y un manto de callados reproches, de ira contenida; eso es todo lo que era y lo que le quedaba. Debió anularlo, extirpar aquel tumor cancerígeno obstructor de su razón, desde el momento en que brotó, reducir a ese ladrón que le había robado la vida desde su encuentro: el amor. Pero no tuvo valor. Acaso no supiera nadie cuanto había sufrido y cuan justificado hubiera estado aquel crimen, pues nunca se hubo avergonzado tanto de algo, como de haber amado a aquel hombre. ¿Hombre?, ¿podía llamársele acaso hombre?, ¿qué era un hombre?. | | No hay comentarios para este artículo. Ver contenidos relacionados |
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escrito por Ángel Fernández
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Amaneces, en un frío día de invierno al que el calendario le ha reservado el espacio del cuatro de enero. En el corazón de la llanura manchega piensas someramente en lo que te puede deparar una fecha como esa; no haces grandes cábalas ni intrigas a tu pensamiento con lo que puede representar un día colocado en medio de tanta festividad, exceso y liturgia. Éboli apareció a las cinco de la tarde de esa fecha en una ciudad llamada de antiguo “Caserío del Río” en el primer año bisiesto del tercer milenio de lo que aceptamos como Era Cristiana. Sin capital, sin empleo, sin norte, pero pretendiendo obtener digno refugio en su madre patria, como tantos otros lo conseguían cruzando el Atlántico. Éboli era más cercana, huía de la hambruna que instauró en su tierra el sátrapa amigo de los europeos y que mantenía lazos entrañables con monarcas y estadistas demócratas. Éboli era una niña saharaui, de la parte occidental de ese inmenso mar lleno de arena y de fosfatos y que la madre España, francamente abandonó cuando en la capital languidecía el color pardo y en su patria se levantó un frente acrónimo de esperanza, libertad e independencia. | | No hay comentarios para este artículo. Ver contenidos relacionados |
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escrito por Francisco J. Sosa Garduño
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Desde que nacieron en la aldea siempre fueron inseparables, apenas dos meses de edad les separaban. Las faldas de la colina donde se asentaba su poblado fueron su primer campo de juegos; vecinos o primos ¿qué importa? todos son amigos en la pequeña comunidad, todos son familia más o menos lejana en esta región montañosa lejos del resto del mundo. Juntos como dos troncos de palmera que se entrelazan al nacer y se alzan hacia el cielo, vidas paralelas en un universo minúsculo ¡así era su vida!, más unidos que los hermanos. Cuando uno de los períodos monzónicos golpeó con violencia la pequeña aldea, ambos decidieron que lo mejor era marchar a la ciudad... | | No hay comentarios para este artículo. Ver contenidos relacionados |
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Asamblea de palabras (poesía) |
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escrito por Francisco Cenamor
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Del libro Asamblea de palabras. Ediciones Vitruvio, Madrid, 2007. Palestina y el bumerán la trayectoria que describe una piedra que lanza un muchacho cualquiera de trece años en una calle cualquiera de ramala es proporcional al curso que sigue un grito de libertad arrolladora | | No hay comentarios para este artículo. Ver contenidos relacionados |
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escrito por Francisco Cenamor
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Nota: Francisco Cenamor, poeta madrileño reconocido por su poesía comprometida, nos ha enviado una serie de trabajos que iremos colgado aquí regularmente Del libro Ángeles sin cielo. Ediciones Vitruvio, Madrid, 2003. Pequeños héroes locales hoy salgo al balcón y miro aparentemente no pasa nada importante sin embargo la mujer del taxista la del primero sube a la anciana la del tercero queso y pescado y los recuerdos que le faltan | | Este artículo tiene 1 comentario. Ver contenidos relacionados |
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